“La cumbia, desde su origen en el Caribe colombiano y hasta su expansión por
toda Latinoamérica, es la encarnación de una cultura «bastarda’», mezclada,
impura, dinámica y profundamente arraigada en el alma popular”.
Iván Benavides (músico e investigador).
Una interesante mutación cumbiera lleva décadas sobreviviendo a fuego lento en Bucaramanga, la quinta urbe del país donde nació este género que disfruta ahora de una segunda ola de popularidad en Europa. La cumbia búcara surgió en barrios populares estigmatizados por la arrogante oligarquía cultural de las clases más acomodadas de la ciudad, pero gracias al esfuerzo de DJs, músicos feriantes, investigadores y promotores sociales late hoy con fuerza. En 2024, el equipo de fútbol Atlético Bucaramanga ganó el campeonato nacional y esa fue la puntilla final que necesitaba la cumbia búcara para que el país entero prestara la atención que merece.

Hablamos de cumbia búcara con José Ricardo Oviedo Valbuena, alias Richi Oviedo (docente, investigador, músico y activista social) criado en San Luis, barrio en obra negra donde la violencia era elemento urbano y, por tanto, estaba normalizada. Sicariato y una bomba en una buseta son ya parte de la historia de un área socio-deprimida donde sonaban reggae, punk y cumbia. Y se jugaba fútbol (más bien “microfútbol” o “fútbol sala”). Oviedo ha desempeñado un papel preponderante en la construcción de una cultura de los ritmos afro caribe e isleños del Atlántico Medio y el Litoral Caribe en Bucaramanga; su trabajo ha sido fundamental para la difusión de la cumbia como símbolo de identidad sociocultural de su ciudad. Gracias a sus trabajos de investigación, formación, implementación y consolidación sociocultural.
La tuya es la única ciudad de Latinoamérica que tiene dos cumbias dedicadas por dos agrupaciones extranjeras, “Me voy a Bucaramanga” (Los Wawancó, 1968) y “Sol en Bucaramanga” (Grupo Celeste, 2002). Tu investigación de la tradición cumbiera local ha llevado a impulsar a nivel nacional una cultura urbana underground que parecía inexistente para muchos.
«Así es. Ha sido una aventura de equipo. Entre 2010 y 2016 trabajé con el maestro Pablo Mejía en la banda Kuisitambó fusionando lo tradicional con lo moderno; hicimos un disco nominado al Grammy Latino 2016. Y nos preguntamos: ¿sí he escuchado cumbias toda mi vida, por qué estamos haciendo cumbia tradicional? Me metí a la barriada que ya venía haciendo cumbias y de ahí salió una investigación llamada La Ruta Perdida de la Cumbia de la que nació una pieza museográfica de galería con los viejos DJs, bailarines, ferias, etc. La cumbia, ese género defenestrado por la clase pudiente bumanguesa. Después, surgió un conversatorio, hicimos ruido y hablamos de cómo de Colombia salió la cumbia hacia el mundo y años después nos llegan a Colombia varios tipos de cumbias. Y Bucaramanga en el centro de toda esa joda. O “Simios tocando troncos”, decían algunos periódicos capitalinos».
Una investigación que lo redefinió todo.
«Aprendimos que, en los años 60, en la antigua estación del tren (Barrio Café Madrid, al norte de la ciudad) había una discoteca llamada Los Sabanales donde la gente se congregaba a bailar cumbias. Después, la Feria de la Ciudad traía a la Caseta Matecaña (un chiringuito ferial ambulante) con música de Pastor López, Calixto Ochoa. Lucho Bermúdez tocó en el Club del Comercio. En los 80, cuando llega el chucu chucu paisa (cumbias grabadas en Medellín), los productores se dieron cuenta que casi todo eran bandas peruanas. Viajaron a Perú, se trajeron vinilos y montaron un movimiento de coleccionistas y selectores muy potente. Y en algunos sectores de la ciudad se vio que sí había un sustento intelectual dentro de esta vibra underground. Y una manera propia de bailar la cumbia. Ya en el año 2000 el maestro Colacho, profesor de danza de la Universidad UIS, se dio a la tarea de ir a las minitecas donde se bailaba para analiza esa forma autóctona de bailar cumbia “a lo bumangués. La escena undergournd se dio cuenta de lo que estaba pasando: coleccionistas, bailarines, promotores y artistas “pararon oreja” ante un fenómeno cumbiero que mezclaba el tecno merengue con cumbia y le aceleraba los bpm, (hasta que las voces sonaban como Alvin y las Ardillas). La cumbia hervía desde la mitad de la ciudad (la Carrera 27) … hacia la periferia. Y la pregunta obligada fue: ¿Si aquí tenemos toda esta historia, por qué no somos la capital de la cumbia? En 2020 llegó Las cumbias como identidad una investigación con el Instituto de Cultura; creamos también el programa Cultura Popular que recogió la figura del matachín cumbiero, las fiestas de barrios populares, la carranga campesina. Organizamos las Cumbias Conference (ciclos de coloquios) con invitados de renombre como Iván Benavides, Jason Landeros, Los Cumbia Stars de Medellín y AfroSound».
¿Todo este movimiento urbano se consolidó en los años 80?
«Sí, aparecieron los “parches” o sea gente en sus casas escuchando a Pastor López, Rodolfo Aicardi, el Combo Palacio, Marqua y su Combo. Ese fue comienzo de las minitecas, todo un movimiento de resistencia que ya tiene casi 50 años, marginado y estigmatizado. La elitista Bucaramanga apartó el movimiento hacia la periferia, donde se fortaleció y nació el baile cumbiero bumangués. Los cambios en la música suelen venir de las márgenes y no del centro, de abajo y no de las élites, de lo subversivo y no de la autoridad».
«Un merecidísimo reconocimiento a los barrios que ha mantenido viva la identidad cumbiera. En Piedecuesta: El Refugio; en Floridablanca: La Cumbre, El Reposo, Lagos, Bellavista, Santana y El Campanazo; en Girón: Arenales, El Poblado, Carrizales, La Calavera. En Bucaramanga, toda la ciudad norte: Kennedy, Café Madrid, Regaderos, Las Transiciones, San Cristóbal, Las Esperanzas, Café Madrid. En el Oriente: Miraflores, Albania, El Retiro; en Occidente: La Joya, Girardot, Gaitán, Don Bosco, Santander, La Feria, Campohermoso; y en el sur: San Martin, Pablo Sexto (legendaria es su Fiesta Cumbiera cada 1 de enero) y La Pedregosa».
¿Cuáles son los rasgos distintivos de la cumbia búcara, entonces?
«Lo más importante que logró el movimiento fue crear una danza vernácula propia. Bucaramanga en 400 años no fue capaz de crear algo que la identificara culturalmente, y este movimiento sí lo logró. Hoy hay una manera nuestra de bailar la cumbia: usa pasos del tecno, del merengue, de la salsa y el house dance. Otra característica interesante de la(s) cumbia(s) búcara(s) es que se baila(n) a cierta velocidad. ¿Qué Méjico rebajó la cumbia?, nosotros la aceleramos; aquí se baila rápido. Bucaramanga escucha cumbia chicha, cumbia villera, cumbia rebajada de Monterrey, cumbia tradicional colombiana, cumbiamba barranquillera, cumbia tropical (chucu chucu paisa), cumbia electrónica, cumbia experimental. Pero… los bumangueses solamente bailan cumbia que suene entre los 105 y los 115 bpm, como Alvin y las Ardillas en los 90s ja, ja, ja».
«Todo eso que hicieron artesanalmente los DJs fue lo que dio un matiz de identidad. Y todo gracias al (tecno)merengue porque como éramos tan merengueros queríamos bailar rapiditas. De ahí salió lo que a futuro sería nuestra danza vernácula. Esto, en el underground, en la barriada, es como el hip hop en Nueva York. Como las blockparties de Spike Lee. Hay que verlo».
¿Se lograron articular todos esos saberes gracias a la juventud búcara de
ahora, quizá menos prejuiciosa en lo musical?
«La gente más prejuiciosa es la de mi edad, entre los 30 y los 40».
Hasta que entra el fútbol a escena, y por la puerta grande. Tocando el corazón de la religión que es el fútbol.
«El bautizo de la cumbia búcara llegó cuando el Atlético Bucaramanga ganó la final de fútbol, en verano de 2024. Sectores donde antes la cumbia no gozaba de respeto se cubrieron de cumbia; fue un efecto aglutinador, sociología pura. Una alegoría que me gusta hacer es que la cumbia es un río subterráneo que fluye desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Y nunca se va agota. Vinieron el vallenato, el merengue, el rock, el reggaetón, pero la cumbia NUNCA se fue».
¿Y “Campeón Leopardo”?
«Es una canción que sonó cuando quedamos campeones. Mario Andretti dijo: “¡Un temazo de un bumangués compuesto al Bucaramanga!”. Y es una cumbia, porque a mí me se me hacía que “La cumbia de los trapos” (clásico tema futbolero de Yerba Brava) es chévere, pero no es nuestra. Aquí no somos villeros, sonideros ni rebajados. Somos búcaros.
¡Vamos campeón leopardo, sufre tu anhelada estrella! / Soy Leopardo de alma y corazón / Tu hinchada siempre aplaude tu garra y valor. Tejiendo estas letras con la vida de un ciudadano bumangués de a pie, Richi Oviedo compuso el himno de su equipo local, que ganó su primera estrella en 75 años. Y catapultó a la cumbia búcara. En los barrios populares las cumbias son factor de identificación y orgullo. Sus letras y melodías reflejan historias de amor, desilusión, ‘parches’ (peñas), familia, disputas, drogas y muerte, un resumen de muchas historias del país y el mundo. Es resiliencia y resistencia envuelta en melodía y “aleteo”. Larga vida a la cumbia búcara.

TEXTO, FOTOS Y ENTREVISTA: Marcelo Chaparro





















