Su concierto no es un simple desfile de canciones, sino un viaje emocional, fecundo en atmósferas y rupturas de género, donde lo íntimo y lo colectivo conviven con fluidez. Una lente de microscopio que enfoca una habitación, un laboratorio de sonido, donde la artista, con la precisión de alquimista, prepara sus creaciones, entre instrumentos analógicos y sintetizadores.

Su propuesta en directo marida, la intimidad de un apartamento con la exhuberancia de la sala de conciertos, desde los primeros compases, la banda respira y actúa como máquina de groove y expresión, no hay fuegos artificiales vacíos, sino una confianza serena en el poder del sonido puro y de la confesión musical.

Una de las claves del show es la manera en que Thackray articula su dolor y su celebración. Su último álbum, Weirdo, nació de la pérdida y el duelo, y ese contexto emocional reverbera en el escenario. En vivo, esto se traduce en momentos en los que la guitarra distorsionada, la trompeta esquiva o la voz quebrada, se combinan para producir tensión y liberación.

Musicalmente, el espectáculo es impresionante en su diversidad y coherencia: Jazz fusión, Funk, electrónica, y música de club se entrelazan sin que se sienta forzado, es un triunfo artístico y emocional, un encuentro con una artista que ha hecho de su vulnerabilidad una plataforma de creación, y de su creación una invitación a participar.
TEXTO: Victor Cortezo
FOTOS: Peoplebymel





















